Mi hijo ¿es inquieto o hiperactivo?

Mi hijo ¿es inquieto o hiperactivo?

Hay veces en las cuales la precisión en el lenguaje no importa mucho. Personalmente no me cambia nada que algo sea azul-cobalto o azul-acero. Pero hay otras situaciones donde más vale pensar lo que se dice, porque las palabras son mensajeras de muchas más ideas de las que puede parecer a simple vista. Llamar “hiperactivo” a un niñito de cinco años que se aburre en un viaje largo o que corre entre las mesas de un restorán a la hora de los postres y la sobremesa puede traducir más la ignorancia y la poca tolerancia de quien está tipificándolo que al niño en sí. ¡Muchos adultos esperan de los niños comportamientos que no son de niños “normales”! 

Los niños “normales” son seres en formación y maduración, lo que hace que su “sistema de frenos” sea aún bastante precario. Por eso no aguantan horas sin moverse, sin hablar, sin jugar. Asústense de los niños demasiado quietos, sedentarios, obedientes y apáticos. Los niños normales corren, hacen ruido y tocan lo que les llame la atención aunque no se pueda . Si, ya sé que eso puede exasperarnos o agotar nuestra paciencia, pero así son los niños…


También es cierto que hay niños más inquietos que otros. A algunos y algunas ya desde pequeños les gusta más correr y trepar que hojear un cuento. Prefieren más estar haciendo cosas que sentados. Son más movedizos y juguetones que sus compañeros. En la escuela más vale que les toquen maestras estimulantes , que  sepan entusiasmarlos porque sino van a vivir de penitencia en penitencia. Si lo logran es que van a poder sacar lo mejor de ellos y permitirles enamorarse del saber.


Si cualquiera de estos inquietos es feliz, aprende lo que hay que aprender a su edad, tiene amigos, juega como juegan a su edad, duerme y come bien…muy probablemente sea solamente un inquieto de los tantos que hay en el mundo.


Pero hay otros, una minoría,  a quienes su inquietud claramente los perjudica para aprender en la escuela y en la vida, para poder respetar las reglas de los juegos de sus amigos o para esperar lo que sea que haya que esperar. No es que se muevan mucho haciendo cosas útiles: sus movimientos suelen ser irrelevantes e inútiles. Además son muy atropellados: vuelcan el vaso en el trayecto para alcanzar la botella porque ni lo vieron, hicieron caer al hermanito porque pasaron corriendo al lado rozándolo sin querer, se llevan por delante la puerta de vidrio, corren detrás de la pelota sin mirar si viene un auto… Y como si eso fuera poco focalizan la atención en algo muy poco rato : en cuanto empiezan a aburrirse ya saltan a otra cosa que les interese más aunque no tenga nada que ver con lo que se supone que deberían hacer. Mil veces los adultos le dicen que se porte bien, que se tranquilice, que haga caso, que termine la tarea antes de pararse, que piense antes de actuar…y no hay caso. Parece escuchar y proponérselo, pero a los 5 minutos repite todo lo que no debía. Así que vive de rezongo en rezongo, de penitencia en penitencia sin que nada cambie para bien. Estos son los verdaderos “hiperactivos”. Estos niños son esos 5 de cada 100 que tienen el famoso (y demonizado ) “trastorno de deficit atencional con hiperactividad” (tdah). Existen y no son un invento, pero no son simples inquietos. Tienen mucha interferencia en su vida cotidiana , tanta que muchas veces terminan fracasando en la escuela a pesar de ser inteligentes, o terminan siendo rechazados por sus pares aunque ellos sean sociables.  Este es un trastorno y si se lo trata bien, los niños que lo padezcan podrán tener una vida muy parecida a la que hubieran tenido si no lo tuvieran. Si se los trata mal, pueden ir acumulando frustraciones, inseguridades y fracasos que les empeore la vida considerablemente. 

Por eso hay que consultar y tratarlos si es necesario. 

Dicho en otras palabras: no todo dolor de barriga es una apendicitis, pero eso no significa que no exista la apendicitis. 

El TDAH existe. Hay muchas familias y muchos niños a los que la vida les ha cambiado dramáticamente para bien recibir un diagnóstico correcto y un abordaje apropiado. 

Si tienen un/a hijo/a muy inquieto/a, atropellada/ y disperso/a, no se apuren a etiquetarlo, pero tampoco “barran debajo de la alfombra”. Siempre hay una manera de ayudarlos a vivir mejor. Estamos en el siglo XXI , y por suerte, ya no trepanamos cerebros sin anestesia ni usamos sanguijuelas para bajar la presión. La ciencia avanza y con ella la salud mental. 

Deja un comentario